Sebastián Astroza

Investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS) y académico del Departamento de Ingeniería Industrial UdeC

Desde la semana pasada que hemos sido testigos de una situación muy desafortunada: algunos automovilistas, al verse atascados en tráfico, han “invadido” la ciclovía en San Pedro de la Paz. Las reiteradas denuncias en redes sociales y la esperable preocupación de la comunidad han provocado incluso la fiscalización directa del ministerio de transportes. Además de los peligros inmediatos de la irresponsabilidad de estos automovilistas, imprudencias como esas podrían traer consecuencias gravísimas a largo plazo. Lo peor que podemos hacer es menospreciar a la bicicleta, el modo de transporte más eficiente en espacio, de muy bajo costo, con efecto positivo en la salud de las personas y nula emisión contaminante.

Cuando estamos atrapados en un taco pensamos que las calles se han quedado pequeñas para tanto auto. De alguna forma nos olvidamos que el automóvil es el modo de transporte menos eficiente en términos de espacio. La realidad es que cada automovilista utiliza entre 10 y 20 veces más espacio que un usuario del transporte público o un ciclista. Si bien no existe evidencia concreta de automóviles usando ciclovías de otros lugares del mundo, la experiencia internacional demuestra que agrandar las calles para solucionar el taco sigue la misma lógica que comprarse pantalones más grandes cuando se está subiendo de peso. Inversiones estratosféricas en infraestructura vial para el transporte privado se han traducido en nada (y muchas veces hasta en tiempos de viajes aún mayores) luego de un par de años, tanto en América, Asia y Europa.

Algunos podrán decir que el uso de la ciclovía por parte de automóviles puede verse como algo (espero) fortuito, pero eso está lejos de ser el único problema. Basta pasearse por el Gran Concepción para darse cuenta que muchos usan las ciclovías como estacionamiento y que en las calles sin ciclovías el panorama es aún más desalentador. Tome por ejemplo la avenida Pedro de Valdivia: la combinación de excesiva velocidad de circulación y un pavimento repleto de “accidentes”, hacen que usar la calzada sea en extremo peligroso para un ciclista. No es sorpresa que la mayoría opte por usar la vereda, ocupando el espacio de los peatones y poniendo en peligro su integridad y la del resto de los transeúntes. Tampoco hay que olvidar que las vías no son la única infraestructura necesaria. Una encuesta realizada en el Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Concepción muestra que un 70% de los ciclistas cataloga la disponibilidad de estacionamientos para bicicletas como insuficiente y un 40% dice que los estacionamientos son inseguros. 

El Gran Concepción es una ciudad medianamente plana, con un clima agradable la mayor parte del año y con una importante presencia estudiantil. Sin embargo, la última encuesta Origen Destino de la Secretaría de Transporte indica que sólo el 2% de los viajes en el Gran Concepción se realizaban en bicicleta el año 2015. Hacerle la vida más fácil al ciclista hará que nuestra ciudad ocupe de manera eficiente su espacio y que, a la larga, todos viajemos más rápido y seguro. Proyectos de infraestructura para bicicleta (como un “Bío bío pedaleable”) o el sólo hecho de respetar a quienes andan (apropiadamente) en bicicleta podría hacer que ese 2% aumente considerablemente. No se me ocurre nada más beneficioso para nuestra ciudad que verse repleta de ciclistas. Esa debería ser nuestra verdadera invasión vial.